viernes, 17 de enero de 2014

Y Ahí la tiene: La profesión de la Psicología... Ay! Que belleza de decreto, y solo desde la perspectiva de la complejidad le podía llegar...


Y pues si, la ley ya habló. Y para hablar, sólo requirió de un número, 1090, y una camada de psicolegisladores, cuales funcionarios de una novela Kafkiana; cuales policías del pensamiento Orwelianos; para poder prescribir aquello que parece imprescriptible. Pero ellos lo saben, por su puesto: Todo sobre cómo debe ser el desarrollo humano, de los talentos, la cognición, las mejores emociones, la ética más intachable, las mejores comunidades, la mejor educación, las mejores organizaciones. Y todo esto, a nivel CIENTÍFICO!. De por dios, que los loquillos la sacaron del estadio, haciendo parecer a la urbanidad de Carreño una guía para cavernícolas. Con tan solo un decreto, suaz!. Que fantasía más maravillosa, la de ver nacer una profesión que cura todos los males de una sociedad, con solo un decreto. Benditos sean todos los legisladores y psicoloquillos que la hicieron posible y ahora nos cobran la tarjeta profesional más costosita del país. Pero no importa.
Para eso está el PARADIGMA DE LA COMPLEJIDAD. Si usted no lo entiende, no se preocupe, él ya lo entiende a usted, en sus complejidades, sus saberes, sus ignorancias... en fin, no pregunte más, que la complejidad lo permite todo. Es la nueva sapiencia, así que para qué ciencia. Mejor dicho...

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